sábado, 8 de junio de 2013
Los misterios de Google
Id a este enlace y ver las fotos
http://www.moleskinefools.blogspot.co.uk/2008/11/paseo-nocturno-con-big-ben-de-fondo.html
Eso fue una de nuestras primeras noches en London.
No sé porque me ha dado por poner "Alvaro Plaza" en google y dar a imágenes. La primera mía que sale es una donde salgo muy feo porque además de porque soy feo, porque la hice rápido y corriendo para una revista digital donde publique un relato y claro, al estar mi nombre indexado con la foto pues normal que google me identifique con ella.
¿Pero la segunda?
La segunda la saca de esa entrada donde no hay ninguna referencia a mi nombre ni a mi persona, y arbitrariamente Google coge esa foto y dice... este eres tú. Y el cabrón acierta.
Pero por qué esa, por qué esa y no otra de las cientos que pululan en mi facebook o en mi mismo blog o en otros sitios ajenos... por qué carajo elige esa, cuáles son sus razones, sus motivos, las directrices y comandos que le han llevado a fijarse en esa... ¿cuál es el algoritmo?
La cosa es que ahí me hallo, entre toreros y periódicos (obviamente ver la foto que encabeza este post, y veréis ahí mi careto con barba -los que no me conozcan, ese es mi careto-)
Algún torero debe compartir mi nombre, o lo peor, un toro; porque no dejo de ser asociado con lances del arte taurino. También aparecen otros tipos con los que debo compartir nombre y para google identidad, como esos dos tipos de la esquina superior derecha.
El otro día me pongo a mirar teléfonos y sus características por internet, a mi señora se le está escacharrando el suyo y hay que darle boleto. Miro mucho un HTC y en la última semana me he venido a percatar la sobreabundancia de anuncios HTC que me asaltan o de tiendas de móviles o de móviles de segunda mano.
Bueno por lo menos ya no me agobian tanto con tanto anuncio de aparatos para alargarse el pene.
Fuera coña, va a ver un día en que Google me va a decir a que hora tengo que ir a cagar.
Y eso me deja confundido. Me da casi como que miedo.
¿Por qué el algoritmo y no la nada?
Google es lo inefable.
Amen.
Pd: ojo que mi pene es muy grande. Ojo.
jueves, 6 de junio de 2013
Teletransportándonse.
Estás ahí dando vueltas porque has quedado con el Duncan a tomar unas pintas, en el White Horses, cómo no, dónde os reuníais con Anibal también, siempre cuando andaban por Londres y de repente en un escaparate de una especie de tienda de yogures y snacks taiwaneses llamada Madd o algo por el estilo ves este rinconcito que te teletransporta a aquel día que te lo tiraste entero jugando al Alex Kid II en la Master System que los reyes dejaron en el calcetín o al reto con el que tu viejo te incentivó para que sacaras todo notables en el primer trimestre de primero de B.U.P para que de nuevo los reyes te dejaran una consola en el calcetín; la Mega Drive II con el Street Fighter de propina y como te tiraste esas navidades dando patadas con Ryu, Blanca, Vega y Guile; fueron dos o tres segundos de esos que te pillan por sorpresa y donde los recuerdos se pelean entre sí para a ver cuál te noquea primero.
Sonreí y me dije que el que puso ahí esas cajas de cartones, esos mandos, los cartuchos y decoró ese rincón de tal manera podría ser mi amigo del alma. Y se lo pagaré tomando un yogurt de esos raros taiwaneses cuando toque, porque aquel día no tocaba, aquel día tocaban algunas Samuel Smith, las cervezas del White Horses y estar con el amigo Duncan.
Y ahí que me fui, a sabiendas que algún día en un futuro lejano, me toparé con una grifo de Alpine o en algún lado se vean conjugadas las palabras "White" y "Horses" y me teletransportaré al día que quedando con el Duncan me teletransporté al día que jugaba al Alex Kid.
Y en esa cadena de teletransportaciones es donde uno encuentra el sentido.
Que la vida es una amasijo de pegatinas que le hacen a uno sonreír.
Trescientos y tantos días de esperanza.
Estamos de aniversario. Trescientos y tantos días de Guadaíra Información en la calle, o en las tablets sería más ajustado decir. Trescientos y tantos días donde se ha intentado estar, en palabras de su director, "al servicio de Alcalá y sus ciudadanos".
Y desde aquí nos alegramos que las embestidas de la crisis no hayan dilapidado este proyecto plural e independiente. Y es la independencia propiamente dicha de la que quería yo hablar...
El último artículo publicado en Guadaíra Información empieza así, y más o menos vengo a defender que a los poderosos les seguirá jodiendo no tener bajo control todas las cosas, así que bendito el aniversario de Guadaíra Información... si quieres seguir leyendo, pincha aquí
sábado, 1 de junio de 2013
Socios de un silencio ruidoso.
La arquitecta Victoria Garriga va y dice que "la arquitectura contribuye a la felicidad o a la infelicidad de las personas".
No puedo sino darle la razón.
Y ahora me explico. Desde que empecé a escribir la novela de CF que tengo entre manos y que ahora la tengo ahí tendida, cogida con pinzas y esperando que la de el sol, porque me da a mi que pienso que la novela se va a escribir por fotosíntesis, el mayor problema con el que me he encontrado es con el "sitio" en el que escribir. Añoro mi cuarto en Alcalá, esos pequeños metros con cama plegable, donde yo dormía y escribía nada más. Era en toda regla un escritorio, un lugar para escribir donde circunstancialmente había una cama. Resulta que donde vivo ahora tengo un salón donde circunstancialmente hay una cama, con lo que no me deja espacio para agregar también la función escritorio. Eso no quita que aquí, como estoy ahora, tumbado en el sofá, no pueda darle solfa a un articulito del blog, o a alguna parida, un email más largo de lo normal, claro que puedo, de hecho lo hago; pero para escribir una novela pues como que no.
Recurro a las cafeterías, pero estas tienen demasiado trajín y además uno se empieza a sentir incómodo cuando lleva más de dos horas con la misma taza vacía y por mucha cara que uno le quiera echar uno no deja de ser el mismo chico vergonzoso de siempre. Las bibliotecas no están mal, pero al final teclean es aporrear y aporrear es un vocablo que conlleva ruido y el ruido hace que las cejas se levanten y algunos que van a estudiar las reglas de tráfico o como transplantar un riñón o a traducir un texto del hebreo al finlandés no les mola tener que levantar sus cejas. Yo se las depilaba, a todos, especialmente al traductor, pero no me quiero meter en líos.
Y en eso que el otro día la Bruna, una amiga del país donde España revalidará el título de campeón del mundo de fútbol, va y me dice que me invita a ir con ella al Southbank Centre que es un tocho edificio que tiene un millón de cosas, desde un cine, a salas multiusos, exposiciones, todo con un puntito a lo Bauhaus que reconforta. Y allí que voy y allí que encuentro el sitio para escribir. Es esa "Laptop zone" de la foto. El problema es que es de pago. Sí. Porque aquí se destila que en sitios como éste del que hablo, o en la Tate Modern, o en BFI, te hagas así como una especie de socio; pagas una cuota y además de acceso a cafeterías chulas exclusivas para socios que hayan pagado como tú y con Laptops zones, pues disfrutas de diversas prebendas, tales como descuentos o acceso a exposiciones rutilantes por la cara y demás calamidades para el bolsillo.
Como todo en la vida, si lo vas a usar, si vas a ir a las exposiciones o vas a escribir una novela de CF porque te has dado cuenta que por fotosíntesis no se va a escribir sacarte la tarjetita de socio merece la pena; pagar por ella para que te ocupe el hueco en la cartera y que de vez en cuando la luzcas porque crees que la rubia que llevas media hora intentándote ligar va a darte tres puntos extras en el casillero de "capacidad intelectual" en el examen que mentalmente te está haciendo para saber si te deja entrar en su cama o no, cama donde circunstancialmente quieres acabar, pues como que no. Aunque si acabas en esa cama, quizás si que valga la pena después de todo.
¡Ojo! Las cafeterías están llenas de tipos que se creen el nuevo Kerouak o el próximo Kundera, mucha gafapasta, wax, pantalones pitillo y camisa de cuadro sin planchar. No todo es perfecto, aunque para mí tiene ese entorno de silencio ruidoso que es como mi líquido amniótico para escribir.
Estoy ahí todavía pensando si hacerme socio o no... dudando, porque si después de pagar algunos pavos resulta que al final ahí también me levantan las cejas no me va a quedar otra que ponerme a depilar. Y ya es muy tarde para cambiarse de profesión.
domingo, 26 de mayo de 2013
Historias de Londres
“Historias de Londres” es uno de
esos libros, de los pocos, que les guardas apega como objeto. Es por
eso que su legítimo dueño ha tenido que esbozar un astuto plan para
que no me cupiera más vergüenza, para que de una vez por todas
venciera mi trasnochado fetichismo y no me fuera posible no
devolvérselo. Por eso que me prepongo leérselo a mi hijo.
Entre las crónicas que Enric Gonzalez,
como corresponsal, mandaba desde Londres se fueron colando su vida y
un creciente enamoramiento por la ciudad que le acogía. Los supo
plasmar con un estilo cálido en las que las palabras te envuelven
como el calor de la chimenea de una de esas casas victorianas de
Holland Park te protegían contra el invierno, en un tiempo de
chisteras, chelines, y coches a caballos.
Londres se derrama en la prosa de
Gonzalez, y en su prosa Londres rebosa.
Mariano, mi amigo, en las orillas del
viaje que íbamos a emprender a la antaño capital de un Imperio, se
compró el libro, y ambos lo leímos. Los dados nos colocaron en el
West, donde las hordas de inmigrantes polacos establecieron sus
destinos, el barrio cuyo nombre había tomado una productora
cinematográfica que le había dado perlas a la historia de la
comedia más de cincuenta años atrás, “The man in the white
suit”, “the ladykillers” “The Golden cage” pueden alegraros
cualquier tarde de domingo... aquello era Ealing y la calle Lothair.
Varias mudanzas, aventuras,
chaparrones, y muchas tazas de Earl Grey después, Mariano se marchó
de Hammersmith, de la casa del 10 de Mylne Close, con sus cajas, su
maleta, y sin su libro. Enric González y sus historias se quedaron
atrás, conmigo.
En la vida siempre hay días de
inventarios, en los que pasas lista, y te das cuenta de lo que te
falta, de lo que ya perdiste y de lo que puedes recuperar. Mariano
pensó que “Historias de Londres” era recuperable y en ese empeño
se puso desde el primer minuto. Yo le di largas, excusas, bostezaba y
cambiaba de tema, hacía como que no oía, le invitaba a una cerveza,
miraba a la calle a la chica que pasaba en bicicleta con el rostro de Ophelia de Millais, incluso intenté sembrar la duda del título de
propietario y casi que me creí yo mismo mis ficciones. Pero no, fue
el quién pago, en la Casa del Libro de la calle Velazquez, Sevilla,
cinco años atrás, ¿o fue en la Fnac? No lo recuerdo, pero él lo
pago, esa es la verdad.
Resolví no devolvérselo. Lo
reconozco. Así sin más. Hasta con cierto punto de chulería, la chulería que te da saber que no tienes la razón. Pero si era
cierto que él había sido quién había desembolsado los dieciséis
euros que en la contraportada, arriba del código de barras, se
mostraban como precio; no era menos verdad que había sido yo quién
lo había mantenido a buen recaudo en los últimos tres años. Y peor
aún, yo jamás me lo hubiera dejado atrás olvidado. Lo sentía tan
mío como él suyo. Y sé que él lo sabía. Si yo tengo mis manías
con mis libros Mariano está preso de su propio catálogo de rarezas
con los suyos, nadie mejor que él para entenderme.
Ese libro se iba a quedar conmigo...
...pero el muy cabrón dio con la
manera. Viejo zorro.
Abrí el sobre y allí lo tenía entre
mis manos. Otra edición, otro libro, las mismas historias. Si
hubiera tenido entonces una de esas chisteras, habría cogido un
puñado de chelines, tomado un coche de caballos, llegado hasta su
puerta y me habría “quitado el sombrero”. Ya no son esos
tiempos. Así que ya sin excusas, embrujado por su audacia,
simplemente se lo dejé el otro día en su casa, encima del brazo del
sofá de piel negro, mientras me bebía uno de sus gazpachos.
Y ahora se lo voy a leer a mi hijo, al
que está creciendo ahí dentro en la barriga de su madre. Obedece a
un doble motivo. Les tengo tanto aprecio a las historias de Enric que
no puedo evitar hacer de su libro un objeto importante, algo que
no me quiero olvidar cuando mueva maletas, o que me de igual si extravío, se quema o roban. Así que cada noche pasaré un par de páginas de
este ejemplar que Mariano me ha regalado para recuperar el suyo, le leeré en voz alta, porque parece ser que el bebé
escucha, que le relaja; para que Lobo, que es como ahora le llamo, se
vaya enterando gracias a las entrañables anécdotas, a los efímeros
instantes de vida cotidiana, a las pequeñas historias tejidas en los
márgenes de la Historia con mayúsculas que Enric supo plasmar
magistralmente en sus letras, de lo jodidamente importante que fue
esta ciudad en la vida de su padre.
Yo amo Londres. Y si todo sale bien mi
hijo nacerá Londinense.
miércoles, 22 de mayo de 2013
Cambiar el carnet de conducir en Londres.
Conducir es ser, la publicidad se ha encargado de ello. Si no conduces "no eres". Y teniendo en cuenta que considero una absoluta ridiculez el coche y que si fuera el dictador del Universo promovería un transporte público eficaz que iría desde el uso de los medios convencionales de transporte a qué se yo, un sistema de préstamo de vehículo según las necesidades, es cierto que tener el carnet es un bien si no imprescindible, al menos necesario en este mundo ridículo que nos ha tocado vivir.
Esto que digo de los coches no es capricho, no es como cuando ves un cuadro en un museo que no te gusta y dices vaya birria, o tú colega te da un codazo y te dice mira la de ahí de la esquina, la guapa, la que bebe el cubata con una pajita y tu pa tus adentros dices, joder que fea la ostia!!! No, porque gustos hay colores y esto que digo de que los coches mejor prohibirlos no es una cuestión baladí. La tierra y sus recursos nos están gritando "coches fuera coño" y nosotros respondemos aumentando la cadencia de producción. Así es de listo somos los que estamos en la cúspide de la pirámide de los monos.
Pues a to esto resulta que en Reino Unido no puedes conducir más de doce meses con el carnet español. Qué mecanismos tienen para pillarte si lo infringes no me preguntéis que ni idea, conozco a uno que alquila un coche a cada poco con el español y lleva aquí como cinco años, así que no deben ser muy efectivos cazándote con las manos en la masa. Yo, en cambio, por fin he decidido cambiarlo por el de la patria en la que me estoy buscando las castañas. Tras una consulta breve por internet y observar que todo era una telaraña de indicaciones contradictorias, decidí escribir este post para ofrecer una información contrastada basada en mi singular experiencia y de paso meterme un poco con la industria automovilística, misión que acabo de cumplir.
Si os preguntáis que ventajas o inconvenientes tiene cambiar el carnet al británico, utilizad el sentido común y contestarse ustedes mismos (basándose mayormente en la predicción de vuestra estancia)
Te vas a este link, sigues los pasos que hasta un mono que está en el fondo de la pirámide de los monos podría rellenar sin problemas, y al final le clickeas para que te manden los formularios. Tarda unos tres/cuatro días laborales.
Cuando te llega la carta la abres. Encontrarás un formulario verde y un folleto explicativo. Puedes leerte el folleto. Te lo recomiendo. Hazlo.
Rellenas el formulario, ya sabes, dirección, nombre, juras que no asesinaste a Kennedy y prometes que no tienes ninguna enfermedad tipo diabetes, tensión alta y todas esas cosas que podrían afectar a tus habilidades como conductor además de asegurar que eres capaz de distinguir una matrícula a veinte metros -si no, vete al oculista- terminas, repasas y estampas tu firma. No es necesario examen médico. Si eres diabético y estás leyendo esto, lo siento, no sé que ocurre cuando marcas que padeces alguna de esas enfermedades ni que ulteriores pasos hay que seguir.
Reúnes la documentación (tu carnet de conducir español más el pasaporte o el DNI) y la foto. Intenta no salir muy feo en la foto, que luego le invitas a unas copas a la que estaba bebiendo un cubata con pajita y le enseñas el carnet y tu careto feo y se ríe de ti y es ella entonces la que piensa "joder que feo la ostia"!!! y esa noche no ziscas. Tardan en traerte el nuevo con una foto bonita o foto fea, da igual, tres semanas
En el folleto y en el formulario te indican dónde tienes que mandar la carta, es mejor que la franquees por correo, pero allá tú, eres libre, pero recuerda, tienes que enviar tu PASAPORTE o DNI.
Dos consideraciones
Sí, se puede cambiar el carnet a pesar de que el tuyo español esté caducado.
Y sí, no lo pienses más, no sigas repitiéndote lo ridículo que es, si si y sí, tienes que enviar tu pasaporte o DNI por correo.
B) Renovar/cambiar el carnet de conducir en persona.
Te vas a Wimbledon, evita que sea en la fecha del tenis, que aquello se pone muy concurrido. Para ser más preciso te tiras para aquí.
Connect House
133 to 137 Alexandra Road
Wimbledon
SW19 7JY
Abierto de nueve a cinco, más o menos. Está un paso de la estación, ojo que el google maps de los cojones miente como un bellaco y te manda más lejos. Na más salir tomas mano derecha, tuerces a la derecha en la primera calle por la que pasen coches y zás, ahí lo tienes, un edificio cuadradete de ladrillos rojos. Dos minutos doce segundos tardas en toparte con él.
Subes a la segunda planta y entras en una sala igualita a la que sale ahí en la foto. De hecho es la misma sala. Pero antes de entrar coge número en el cacharro que está justo antes de cruzar la puerta. Agarras el formulario verde que encuentras por doquier, hay bolis disponibles pero mejor llévate el tuyo, qué es un hombre sin su bolígrafo. Rellénalo. Si tienes alguna duda hay un empleado/a por ahí dando vueltas para depurarlas, ojo que no lleva un gorro rosa ni un chaleco florescente, es algo difícil de identificar, pero está por ahí, con una carpeta, normalmente de pie, hablando con otros solicitantes, no es un mito, yo hablé con ella.
Cuando te toca el número, vas a la ventanilla, el empleado verifica que no hayas metido la pata cumplimentando el formulario y te pide el carnet antiguo, la foto y la identificación. Cagada, ¿a que te has olvidado?
Te lo repito again: FOTO + CARNET DE CONDUCIR ESPAÑOL + IDENTIFICACIÓN (pasaporte o Dni) igualito que en la forma por correo.
Como te lo he repetido tantas veces que no se te ha olvidado, se los entregas y el tipo te manda pasar a otra ventanilla. La ventanilla donde pagas.
En esa segunda ventanilla le das al segundo tipo la tasa que son cincuenta libras; en metálico o con tarjeta. Ojo, que si lees esto muy alejado en el tiempo a la fecha en la que se publicó, da por hecho que será más caro.
Y aquí viene el momento por el cuál yo me decidí a ir en persona en vez de tramitarlo por correos.
Por cuatro libras más, si tu Pasaporte es digital, te comprueban la identidad allí mismo y no tienes por qué dejar tu pobre pasaporte en sus manos. No tengo ni idea si sirve lo mismo con el DNI, no lo pregunté, pero me da la espina que no, cualquiera que haya cruzado la frontera usando el DNI se habrá hecho ya una idea de lo poco que les gusta a los británicos este tipo de identificación, demasiado europea.
Después de una media hora, minutos arriba o minutos arriba, das las gracias y te las piras, tú y tu bolígrafo.
Cuando sales a la calle que te lleva de vuelta al metro, sigue un poco más a la derecha hasta el pub "The Alexandra", merece tomarse allí una cerveza y a empezar la espera, a buscar a un tipa en un esquina bebiendo un cubata con una pajita.
No le enseñes ningún carnet, estás mas feo en todos ellos.
Y defiende siempre el transporte público.
No le enseñes ningún carnet, estás mas feo en todos ellos.
Y defiende siempre el transporte público.
lunes, 20 de mayo de 2013
Cuidado con el hueco
Hace no mucho tuve una de esas epifanías que espolean a tu conocimiento vital para que avance, una lección de humildad en toda regla. Fue al bajar de un metro y casi una desgracia me hizo consciente de lo estúpido que había sido durante los últimos cuatro años y medio riéndome de los ingleses y su insufrible tendencia a ponerse la tirita antes de la herida...
Ultimo artículo en Guadaíra Información, donde vengo a utilizar el tan famoso slogan "mind the gap" para de paso decirles a los políticos de mi pueblo que se pongan las pilas ya de una puta vez (extensible a todos los políticos). Si quieres leerlo, pincha aquí
miércoles, 8 de mayo de 2013
Comida española en Londres: Camino
A veces uno no puede regatear las
coincidencias que la vida le lanza a la cara. Yo estuve a punto, pero
al final acepté la invitación de ir a conocer “Camino” y
escuchar de primera mano, de la mano de su dueño, un inglés
enamorado de la península, su apuesta por que los estirados de nariz
respingona hijo de las islas sepan que más allá del tópico del sol
y playa, en la piel de toro se esconden muchos otros tesoros, algunos
tan chispeantes como el cava.
Pero vayamos por partes.
Si mi Casio amarillo tuviera el poder
de hacer retroceder el tiempo y, semana arriba, semana abajo, nos
fuéramos cuatro años y seis meses atrás, veríamos a un par de
alcalareños recién aterrizados compartiendo habitación en un
hostal de King Cross. Ya os podéis imaginar: ansiedad, un inglés
que cualquier loro de abuelita inglesa de té a las cinco podría
superar y un hambre insaciable por comerse la ciudad palmo a palmo.
Esos éramos nosotros mientras explorábamos Londres y sus rincones,
buscando piso, trabajo, amigos, una nueva vida en definitiva. Y en
una de esas incursiones por territorio desconocido nos topamos con un
oasis familiar. “La Cruz del Rey”, un gigante
bar/cafetería/restaurante del que casi salimos huyendo, no porque el
lugar en cuestión fuera espantoso sino por el hecho de que
representaba aquello de lo que habíamos salido corriendo: España.
Luego de alguna vez que otra Mariano y
yo, esos dos alcalareños, recordábamos con cierta nostalgia,
sobretodo cuando estábamos por los alrededores que “La cruz del
Rey” fue uno de los primeros bares donde caímos por Londres y que
vaya tino tuvimos.
Con el tiempo, cuando resulta que
al final te ha reinventado a ti mismo en un país extranjero, y que
ya hablas un poco mejor que el loro de la abuela del te a las cinco,
sólo un poco mejor, y ya estás echo al Earl Grey y que incluso le
encuentras su salero al marmite, ya no sales huyendo de esos oasis
con los que te topas, sino que lo buscas de tanto en tanto, aunque
sea por recuperar por una noche un poco del sabor de la tierra.
Porque España, con sus
contradicciones, sus problemas, sus guerras fatricidas interminables,
es un país acojonante. Y Richard, Ricardo, lo sabe.
Ricardo, que no os lo he presentado, es
el tipo que nos atiborró una noche a un puñado de bloggers
españoles afincados en Londres a gambas al ajillo, croquetas, jamón
de guijuelo, arroz negro, chorizo con pimientos del piquillo y otros
tanto que ya ni recuerdo porque a todo esto el tipo no hacía otra
cosa que descorchar vinos; en aquel mismo bar que años atrás
Mariano y yo habíamos huido.
Fueron casi cuatro horas, a la
española, ya me entendéis, comiendo, bebiendo, riendo, hablando, y
comiendo y riendo y hablando, y bebiendo y bebiendo... y bebiendo.
Y en eso que Richard nos presentó su
nuevo reto, convencer a sus compatriotas y ya de paso al que se deje
caer que el Cava se llama Cava porque no se puede llamar Champagne,
pero que al final es un vino con burbujas tan bueno como su vecino
francés. El garito se llamará “San Pablo” y cómo no estará en
los alrededores de “St. Paul´s” y lo abre de ya a poco.
Las gambas no son las de Huelva, las
croquetas no son iguales a las que hace tu madre, pero consigue que
te sientas en casa, así que si un día te pierde la nostalgia, o
quieres impresionar a tu novia de Taiwán, o deleitar a los amiguetes
polacos del curro, y que prueben un trocito del alma de tu tierra
llévales a alguno de los lugares que “Camino” ha plantado en
Londres.
Es una apuesta tan segura como la que
Ricardo hizo algunos años atrás, cuando conduciendo un mini por la
península se le ocurrió la idea de introducir la gastronomía
española en Inglaterra.
lunes, 6 de mayo de 2013
Camino de Liverpool Street Station.
En esa foto a alguno lo conozco desde hace veinticinco años, amigos de cuando las canicas y con ellos fui descubriendo que esto de la vida. Al Juan, al primero de la foto, le faltó perderse en una tienda de discos. Al David, escondido tras la cabeza del Juan, le faltó salir en la foto, al Negro confundido creyó que estaba en el lejano oriente, al Nacho le faltó un poco de turismo del bueno, a la Ángela una velada en un gastropub, a mi primo un partido de fútbol en Stamford Brigde, al Piña, ese al que abrazo, dormir en un hotel menos siniestro.
Fue muy poco tiempo pero creo que se lo pasaron bien.
Son mis amigos, de cuando las canicas, y a mi lo que me faltan son ellos.
Granujas, gracias por venir.
It was a very good taste of Alcalá.
Hay que repetirlo, pero yo no me caso de nuevo.
Ahí los tenéis, diciendo que piensan de Londres en el camino a Liverpool Street Station
miércoles, 24 de abril de 2013
Running
Hace poco he retomado de nuevo la actividad que más veces he abandonado en mi vida. Desde los veintipocos, cuando dejé de darles patadas a un balón, decisión que el mundo balompédico debió vitorear, hasta el día de hoy una media de dos veces al año he empezado, he hecho un planing, establecido una progresión y prometido a mi mismo que esta iba a ser la definitiva. Pasa un mes o dos y me rindo inevitablemente. Mi actividad se circunscribe al sofá, el esfuerzo físico se limita a ir a recoger las palomitas del microondas y así hasta que la curva de la felicidad no me permite atarme bien los cordones, entonces saltan las alarmar y me entra de nuevo el avenate.
Hace poco he descolgado las botas, las de correr, las que me costaron una pasta...
Si te interesa saber más de por qué pienso que eso de correr es una estratagema del capital para qu nos gastemos los ahorros, pincha aquí.
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